El cajero ya es cuarentón

E. J. Blasco escribe un artículo en ABC donde comenta que el cajero cumple 40 años, pero la historia empezó en la bañera, que es donde a algunos les vienen las grandes ideas. John Shepherd-Barron, entonces empleado en una imprenta, pensó que sería interesante un artilugio que dispensara dinero, al modo de esas máquinas que en la calle ofrecen chocolates y golosinas. Se trataba de que en lugar de esos productos, el usuario obtuviera billetes, una mercancía desde luego no menos golosa.

El inventor ahora tiene 82 años y vive apartado en una granja de Escocia, vendió su idea a una importante entidad financiera, el Barclays Bank. El primer cajero se instaló el 27 de junio de 1967 en una sucursal de la calle principal del barrio de Enfield, en el extremo norte de Londres.

Allí una placa, colocada cuando el invento cumplió 25 años, recuerda el hito, sin que los clientes le dediquen mucha atención. Sacar dinero del cajero se ha convertido en tal costumbre, con más de 1,6 millones de estas máquinas en todo el mundo, que ya nadie parece acordarse del tiempo en que no existían. Además, la tecnología ha cambiado enormemente. Como aún no había tarjetas de crédito, el dinero era retirado de la máquina con cheques impregnados con carbono 14, una sustancia con ligera radiactividad. Esto dio luego origen a polémica, por el presunto riesgo al que la población había sido sometida. Pero su inventor asegura que, como luego se ha sabido, habría hecho falta comerse nada menos que 136.000 de esos cheques para que hubiera entrañado un riesgo para la salud.

Eran otros tiempos, y la cantidad máxima que el cajero entregaba por operación eran diez libras. Hoy parece muy poco, pero entonces era «suficiente para pagarse un loco fin de semana», como recuerda Shepherd-Barron.

Con el cajero nació también la cifra PIN, que había que marcar una vez que el cheque era detectado. El internacionalizado PIN de cuatro números tiene la misma paternidad. Esta vez no nació en la bañera, sino junto a la mesa de la cocina. El inventor pensó primero en obligar a marcar seis dígitos, porque su buena memoria le permitía fácilmente recordar algo tan largo. Pero hablando con su mujer en la cocina de casa, ésta le dijo que sólo podía memorizar cuatro números. «Y así es como se estandarizó el PIN», asegura entre risas Shepherd-Barron en declaraciones a la BBC.

El matrimonio se dio cuenta de la completa universalidad de su contribución durante un viaje al norte de Tailandia. Allí vieron a un campesino apearse de un carro de bueyes para sacar dinero de un cajero.

Pero el útil invento podría haber llegado a la «crisis de los cuarenta». Según el anciano, en realidad a los cajeros automáticos les puede quedar tan sólo unos cinco años de vida, ante la rápida extensión del pago con tarjetas de crédito y el acelerado desarrollo de nuevas tecnologías. En su opinión, dentro de poco las compras y otras pequeñas transacciones económicas se realizarán con el teléfono móvil. A sus 82 años, aún espera ver esa nueva realidad.

Actualización (1/julio/2007): El cajero se inventó en la bañera (El País).

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