La rebelión Digg o el poder de los usuarios

24, mayo, 2007

Francis Pisani escribe para EL PAÍS, un artículo donde menciona que Digg suprimió una información (ver: La dictadura de los usuarios) y los internautas con su protesta lograron la rectificación:

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En cuestión de días, 09 F9 se volvió casi tan célebre como R2-D2, el simpático robot de Star Wars. No se trata de una futurista máquina, sino de las primeras letras de una clave para abrir el candado que protege los HD-DVD. La fórmula (32 caracteres) se popularizó porque trataron de censurarla y, por primera vez de forma tan pública, los usuarios mostraron su poder. Después de esto la galaxia Web 2.0 ya no será la misma.

El 30 de abril un internauta publicó una nota en Digg con enlace a un blog que daba la clave para, en determinadas circunstancias, copiar HD-DVD. Tuvo éxito y se convirtió en tema de primera página. (Digg es manejado por los usuarios, quienes proponen las notas y luego contribuyen con sus votos a su buena ubicación en la portada). Rápidamente, la Advanced Access Content System Licensing Administrator (AACSLA.com), una asociación privada de empresas de tecnología y estudios de producción, envió una carta a los dirigentes de Digg exigiendo la eliminación inmediata de cualquier referencia a la clave. Y la borraron. La medida no gustó nada a los usuarios, quienes se dedicaron a multiplicar las referencias al código de 32 letras y números que empieza por 09 F9. La web se hizo eco de la rebelión y Kevin Rose y Jay Adelson, fundadores de Digg, renunciaron a la censura.

El 13 de mayo Yahoo tenía indexadas dos millones de páginas con la clave (Google 1,5 millón). Lo más irónico es que casi nadie tiene HD-DVD y que para quienes ya lo compraron (con el debido lector) les resulta difícil utilizarla (hace falta escribir un programa y sólo sirve para Linux). Fue la tentativa de censura lo que llevó a los internautas a publicar el código de múltiples maneras (canciones, imágenes, videos o camisetas). En Facebook, un grupo se constituyó bajo el nombre de dicha clave y consiguió 4.000 miembros en 24 horas.

La AACS descubrió de manera brutal que es inútil pelear apoyándose en una tecnología a la que siempre se le puede dar la vuelta (circumvent, en inglés). También aprendió que los abogados tradicionales pueden ser una catástrofe en la era de la comunidad en red.

No es la primera vez (ni la última) que una protección es crackeada y que se distribuye la solución por Internet. La novedad no es técnica, es de orden social. La posición de los dirigentes de Digg contribuyó a volver la empresa más simpática, aunque les faltó valentía para confrontar a la AACS. Rose publicó la clave en su blog: le impedirá invocar en su defensa el hecho de que no es responsable del contenido puesto en línea por los usuarios. Resulta, además, coherente con el hecho de que ha publicado varias recetas para hackers (En the broken). Puede ser condenado por contribuir a la difusión de informaciones que permiten burlar métodos de protección de material con copyright. Los jueces, sin embargo, pueden considerar que la línea de código es una información protegida por la libertad de expresión.

Detrás de las desventuras de Digg, el futuro de Web 2.0 está en juego. Digg depende casi exclusivamente del contenido que generan los usuarios, una de las dimensiones más importantes de la web social. Pedirle que lo censure es como pedir a Google que prohíba las búsquedas de pornografía. Si la AACS gana, ciertas empresas vacilarán antes de dar más poder a los internautas.

Seductor porque es sencillo, el modelo Digg ha sido copiado por diferentes empresas (como Dell y Yahoo!) que buscaban herramientas para escuchar mejor a sus clientes y orientar servicios y producción. El incidente tiene el mérito de mostrar claramente que cuando se invita a la participación ciudadana, siempre se corre el riesgo de que vayan por un camino imprevisto. Más vale no invitarlos ingenuamente. “Es la revancha del contenido generado por los usuarios“, aseguró Fred von Lohmann, abogado de la Electronic Frontier Foundation en una entrevista para Wired.

El gran mérito de esta historia es que obliga a tomar en cuenta una dimensión esencial (y poco tratada): la de la relación entre la participación de los usuarios y su poder. Sólo un conflicto podía revelarlo.


La dictadura de los usuarios

3, mayo, 2007

Sergio Rodríguez explica en EL MUNDO el revuelo que se ha organizado en Digg, que deja bien claro quien es el que manda:

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El polémico código, en una página de Digg (Fuente: El Mundo).

Pocos son los casos en los que una compañía o, en este caso, página web, tiene que rendirse a un boicot de sus propios usuarios, ataques incluidos. A Digg –una página de noticias en la que la portada se hace según los votos de los usuarios– le ha pasado, porque ha decidido que más vale una demanda que perder la credibilidad, la confianza y las visitas. Le ha pasado, sobre todo, porque con su sistema los usuarios mandan, lo que puede ser una ventaja y un riesgo al mismo tiempo.El hecho es que alguien publicó en Digg un número. No uno cualquiera, sino una secuencia de 32 cifras que es la clave que permitirá romper la proteccion de la nueva generación de DVD -Blu-Ray y HD DVD-… y copiarlos. Algo así como lo que hizo ‘DVD Jon. Pero no me voy a meter en un jardín técnico. Lo que hay que contar es que los responsables de Digg censuraron dicha noticia a petición de la industria. Y se armó el belén.

Porque el poder en Digg no lo tienen los editores, sino los usuarios. ¿Que se elimina la noticia? Se crean tantas como sea necesario hasta verlo en la portada de la página. Incluso hasta llenarla completamente con dicha noticia en diferentes versiones. La guerra estaba servida y, aunque la primera batalla la ganó Digg, la guerra la ha ganado su comunidad.

Jay Adelson, uno de los responsables del sitio, intento explicar que no lo borraban por gusto, sino por un requerimiento de los poseedores de la propiedad intelectual y porque Digg no puede saltarse la ley a la torera si quiere sobrevivir. Razonable, pero insuficiente para una comunidad poco interesada en la ley.

Tal fue el cabreo de los usuarios que incluso hubo quien atacó y dejó el sitio inaccesible durante un tiempo. Al final, y en apenas 48 horas, Kevin Rose, el fundador, ha tenido que sucumbir al poder de su comunidad: “Os hemos escuchado y, con efecto inmediato, no eliminaremos historias o comentarios que contengan el código, y cargaremos con las consecuencias sean cuales sean“.

Rose remata su comentario con un heroico y si perdemos, qué demonios, al menos caímos intentándolo. Por el camino quedan ya más de 300.000 resultados en Google generados en unas horas, una canción, dominios y hasta camisetas. ¿Y si hay demanda? Quizá algún usuario recuerde la polémica y decida ayudar a costear la defensa… o puede que no. Pero han dejado claro quién manda.

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